Desde hace años, el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) inició un proceso de transformación académica nacional otorgando becas a miles de estudiantes dominicanos, con el objetivo de fomentar la formación de profesionales de alto nivel en el extranjero.
La intención ha sido clara: invertir en educación avanzada para fortalecer el desarrollo del país. Sin embargo, recientemente el ministro de Educación Superior, Rafael Santos Badía, comunicó que los estudiantes que estén cursando estudios en el extranjero y decidan no regresar al país deberán devolver los recursos económicos invertidos en su formación.
Esta declaración ha generado preocupación y tensión en el estudiantado nacional y es que para muchos jóvenes dominicanos, viajar al extranjero a cursar un posgrado, una maestría o un doctorado representa un sueño construido con esfuerzo, sacrificio y dedicación. No obstante, el retorno se ha convertido en una verdadera incertidumbre al momento de finalizar los estudios.
El principal temor no es volver, sino no encontrar un empleo digno en el área en la que se han especializado.
Esta realidad ha provocado que numerosos dominicanos que han tenido la oportunidad de formarse en distintos países opten por quedarse fuera. No siempre se trata de falta de compromiso con la nación, sino de la necesidad de estabilidad profesional y crecimiento.
El problema no puede abordarse únicamente desde una perspectiva punitiva. Obligar a devolver los recursos puede parecer una medida correctiva, pero no resuelve la causa principal: la falta de garantías de inserción laboral para profesionales altamente capacitados.
Por ello, propongo que se establezca una alianza público-privada que garantice oportunidades de empleo en las áreas en las que los estudiantes se han formado. Una articulación real entre el estado y el sector empresarial permitiría planificar la integración de este capital humano avanzado al mercado laboral nacional. De esta manera, no solo se aseguraría el retorno del conocimiento adquirido en el exterior, sino también la recuperación efectiva de la inversión realizada por el estado.
Estoy convencido de que el país no necesita amenazas para lograr el regreso de sus talentos, sino condiciones dignas que hagan del retorno una decisión natural. Apostar por una alianza público-privada no es solo una alternativa viable; es una estrategia necesaria para evitar que el conocimiento formado con recursos públicos termine fortaleciendo otras economías.
POR FREDDY MIGUEL



