Bolivia atraviesa su peor crisis económica en cuatro décadas, y la situación en La Paz se agrava con protestas de campesinos, obreros, mineros y otros sectores. Las presiones han dejado mercados y gasolineras desabastecidos, mientras en los hospitales empiezan a escasear medicamentos.
Desde inicios de mayo, en la ciudad se concentran movilizaciones que exigen la salida del presidente Rodrigo Paz. Tras una víspera de “tensa calma”, La Paz vuelve a sentir el impacto: falta de combustible y alimentos debido a las acciones de los manifestantes.
La población vive con incertidumbre y temor. Algunos residentes reportan que durante días no pudieron salir por los “dinamitazos” y los gases lacrimógenos usados por la policía, aunque en las últimas horas ciertos sectores han podido retomar actividades básicas.
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En medio de acusaciones cruzadas, el ministro de Gobierno Marco Antonio Oviedo sostiene que las acciones policiales buscan “contener la violencia” y reporta la detención de más de un centenar de personas. Además, responsabiliza a Evo Morales por lo ocurrido, al señalar la presunta participación de gente “enviada” desde El Chapare.
Mientras tanto, comerciantes y ciudadanos denuncian que los bloqueos en carreteras están paralizando la llegada de productos. “No hay nada en los mercados, está todo paralizado”, señalan, y reclaman medidas extraordinarias para frenar el deterioro cotidiano.
Aunque algunos piden un estado de excepción para La Paz, las autoridades por el momento lo descartan y optan por reforzar la presencia policial y de las Fuerzas Armadas en la región, en una escalada que mantiene en vilo a la población.



