El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, reafirmó que las tropas israelíes permanecerán en la denominada “franja de seguridad” del sur del Líbano durante el tiempo que considere necesario, en una decisión que aumenta las tensiones en la región y genera fricciones con Estados Unidos.
La declaración se produjo después de que Israel lanzara una nueva ola de bombardeos contra posiciones de Hezbolá. Según Netanyahu, la Fuerza Aérea israelí atacó más de 80 objetivos y eliminó a decenas de combatientes, en respuesta a acciones que provocaron bajas entre soldados israelíes.
Las Fuerzas de Defensa de Israel informaron que los ataques se concentraron en distintas áreas del sur del Líbano. Los bombardeos dejaron víctimas, daños materiales y provocaron nuevos desplazamientos de civiles hacia Beirut y otras zonas consideradas más seguras.
Israel sostiene que la ofensiva busca debilitar la capacidad operativa de Hezbolá y garantizar la seguridad de las comunidades del norte del país. Sin embargo, la destrucción de infraestructura y viviendas en territorio libanés ha generado preocupación internacional por el impacto humanitario del conflicto.
La postura de Netanyahu contrasta con los recientes llamados de la administración del presidente Donald Trump. Tanto Trump como el vicepresidente J.D. Vance han expresado preocupación por los ataques a zonas residenciales y han insistido en la necesidad de avanzar hacia una solución pacífica en Oriente Medio.
La situación se complica aún más tras el memorando de entendimiento firmado entre Estados Unidos e Irán para promover la estabilidad regional. Mientras Washington impulsa negociaciones y reducción de hostilidades, Israel mantiene su estrategia militar, profundizando las diferencias entre ambos aliados sobre el futuro del conflicto en el Líbano.



