La historia de la Independencia Nacional no solo fue escrita por hombres empuñando fusiles y machetes.
También fue forjada por mujeres que, con valentía y patriotismo, desafiaron las costumbres de su época para defender el nacimiento de la República Dominicana. Entre ellas sobresale una figura legendaria: Juana de la Merced Trinidad, conocida para siempre como Juana Saltitopa o»La Coronela».
Nacida en el año 1815 en la comunidad de Jamo, en La Vega, Juana creció con una gran fortaleza; era inquieta y decidida.
Desde niña acostumbraba a trepar árboles y saltar de una rama a otra, una habilidad que le ganó el apodo de «Saltitopa», sobrenombre que, con el tiempo, eclipsó su verdadero nombre.
El valor de la Coronela es admirable. Su papel de apoyo al Ejército de la República Dominicana fue crucial: asistía a cada hombre caído.
Juana Saltitopa, eres patria y libertad. Tu valentía nos recuerda que debemos realizar sacrificios. Tu falda larga era el refugio de aquel líquido de la vida que servía de apoyo a nuestros soldados; aquella pólvora que avivaba los cañones de la libertad.
Sin temor a perder la vida, no importó que fueras de una comunidad rural. Cuando sentiste el peligro, no corriste; fuiste hacia tus compañeros para brindarles ayuda.
Tener una mujer en las filas del Ejército era considerado una debilidad; sin embargo, «la Coronela»tenía un carácter fuerte y estaba siempre dispuesta a tomar las armas. Por eso se ganó el respeto de los miembros del Ejército.
Cuando en 1844 se proclamó la Independencia Nacional y el ejército haitiano avanzó para recuperar el territorio, Juana no permaneció indiferente.
Como muchos veganos, marchó hacia Santiago para unirse a quienes defendían la naciente República en la histórica Batalla del 30 de Marzo.

Luego de la declaración de la Independencia Nacional, el 27 de febrero de 1844, el mes de marzo fue decisivo para los dominicanos.
Treinta mil soldados haitianos, bien estructurados y armados, avanzaban con un objetivo claro. En cambio, el ejército dominicano estaba mal armado y contaba con muy pocos hombres en comparación con el ejército de Haití.
Tres columnas de diez mil soldados cada una conformaban la ofensiva: la Columna del Sur, dirigida por el propio presidente de Haití, Charles Hérard, con rumbo hacia San Juan y Azua para tomar Santo Domingo; otra era la columna de retaguardia, dirigida por el general Suffront, cuya misión era apoyar a las demás columnas; y la tercera era la Columna del Norte, dirigida por el general Jean-Louis Pierrot, con destino a Santiago y Puerto Plata.
Juana Saltitopa: principal objetivo y papel que desempeñó frente a los estereotipos
Su papel fue mucho más que simbólico. En medio del intenso fuego enemigo, Juana recorría el campo de batalla llevando agua a los combatientes y, especialmente, a los artilleros, quienes necesitaban enfriar los cañones para mantener el ritmo de los disparos.
También transportaba pólvora, recargaba armas, auxiliaba a los heridos y colaboraba como enfermera improvisada, todo ello bajo el constante peligro de las balas enemigas.
Aquellas acciones, aparentemente sencillas, eran decisivas para sostener la resistencia dominicana. Sin agua para refrescar los cañones, la artillería habría perdido eficacia; sin atención a los heridos y sin el abastecimiento constante de pólvora, la capacidad de combate disminuía rápidamente. Juana comprendió que servir a la patria también significaba garantizar que quienes luchaban pudieran seguir haciéndolo.
Su arrojo impresionó tanto a soldados como a oficiales, quienes comenzaron a llamarla»La Coronela», un reconocimiento ganado por su valentía más que por un rango militar formal. La tradición histórica sostiene que incluso llegó a recibir remuneración del Gobierno con ese grado honorífico, aunque posteriormente fue separada del servicio durante el gobierno de Pedro Santana.
Fuiste, al igual que muchos otros, ignorada por Pedro Santana. Estabas en todos los flancos, con tu rápido movimiento, haciendo honor a tu sobrenombre de Juana Saltitopa. Corrías sin descansar. ¡Oh, qué grande fuiste! Tu nombre jamás será borrado de la historia de la República Dominicana.
El comandante del Ejército de la República Dominicana, José María Imbert, y el célebre Fernando Valerio, al ver las bajas de nuestro ejército, te observaban socorrer a nuestros valientes combatientes. Tenías un inmenso amor por la patria que te vio nacer.
Después de la guerra, su vida transcurrió lejos del reconocimiento que merecía. El 6 de febrero de 1860 murió asesinada en circunstancias que aún no están completamente esclarecidas, cerca de Santiago de los Caballeros. Su muerte puso fin a la vida de una mujer excepcional, pero no logró borrar el legado que dejó a la nación.
Hoy se le rinde honor con importantes barrios, calles y avenidas que llevan el nombre de la heroína.
- Calle Juana Saltitopa, en Santo Domingo, que inicia en la avenida Mella (Villa Francisca) y concluye en la calle 17, en Villa María. Es una de las vías comerciales más transitadas de la capital.
- Calle Juana Saltitopa, en La Vega, su ciudad natal.
- Calle Juana Saltitopa, en el ensanche Bolívar, de Santiago de los Caballeros.
- Barrio Juana Saltitopa, ubicado en Los Alcarrizos (La Piña), Santo Domingo Oeste, fundado a finales de la década de 1970.
Hoy, Juana Saltitopa representa el valor de la mujer dominicana en la construcción de la República. Su ejemplo demuestra que el heroísmo no siempre consiste en empuñar un arma; muchas veces se manifiesta en el sacrificio silencioso, en el servicio desinteresado y en la decisión de arriesgar la propia vida por la libertad de un pueblo.
La historia dominicana tiene en Juana Saltitopa una de sus figuras femeninas más admirables. Su nombre permanece unido a la Batalla del 30 de Marzo y al nacimiento de la República, recordándonos que la independencia también fue conquistada gracias al coraje de mujeres que rompieron las barreras de su tiempo para convertirse en auténticas heroínas de la patria.
Por Frank Hernández



