NUEVA YORK.- La diplomacia tradicional tiene sus escenarios conocidos: Palacio Nacional, Cancillería, Congreso, reuniones empresariales y recepciones oficiales.
Pero la diplomacia moderna tiene otros espacios: iglesias, barrios, colmados, podcasts y redes sociales.
Por eso, más que mirar solamente las reuniones oficiales de la actual embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, Leah Francis Campos, conviene observar dónde decide aparecer y con quién decide relacionarse.
Tres escenas resultan particularmente interesantes: una iglesia, un colmado y una de las figuras más influyentes de la comunicación digital dominicana.
¿Casualidad? Posiblemente.
¿Una estrategia deliberada de diplomacia pública? También es perfectamente posible.
Y esa posibilidad merece ser analizada.
- De la Catedral al barrio
Uno de los primeros gestos públicos de Campos fue particularmente simbólico: su primera actividad oficial en el país incluyó una visita a la Catedral Primada de América y la participación en una misa.

Desde una perspectiva puramente protocolar, no hay nada extraordinario. Campos es católica y una visita a uno de los principales símbolos religiosos e históricos de República Dominicana puede interpretarse como un gesto de respeto hacia la cultura local.
Pero la diplomacia también trabaja con símbolos.
La elección de una iglesia como primera imagen pública transmite algo diferente a una reunión burocrática: identificación cultural, respeto por las tradiciones y proximidad emocional.
Es una manera de decir: “No vengo solamente a representar a Washington; quiero entender y conectar con ustedes”.
Después vino una imagen todavía más popular.
Campos apareció compartiendo en el colmado La Venganza, en el tradicional sector de Don Bosco, mostrando una faceta completamente alejada del protocolo diplomático.
Otra vez, nada ilegal ni extraordinario.
Pero políticamente, la imagen es poderosa.
El colmado dominicano no es simplemente un establecimiento comercial. Es un espacio de conversación, música, opinión y socialización. Es una pequeña plaza pública.
La fotografía de una embajadora estadounidense compartiendo allí proyecta una narrativa muy diferente a la de una diplomática encerrada en su embajada.
Es la diplomacia del “yo también estoy aquí”.
- El tercer elemento: Santiago Matías
Si la Catedral representa tradición y el colmado representa cultura popular, Santiago Matías representa otra cosa: capacidad de influencia.
Alofoke no es solamente un comunicador. Es un fenómeno mediático capaz de colocar temas en la conversación nacional y de llegar a públicos que difícilmente reciben un mensaje diplomático a través de los canales tradicionales.
Por eso resulta interesante la relación pública entre Campos y Matías.
La embajadora ha hablado de él en términos personales y positivos, destacando aspectos de su personalidad y su compromiso con República Dominicana.
¿Significa esto que Santiago Matías es un instrumento de Washington?
No existe evidencia pública suficiente para afirmarlo.
Y aquí es donde debemos ser cuidadosos.
En inteligencia política, influencia no necesariamente significa conspiración.
Una potencia extranjera no necesita convertir a una persona en agente para beneficiarse de su capacidad de comunicación.
Puede bastar con establecer una relación, generar confianza, ofrecer reconocimiento y construir acceso.
El actor local puede seguir siendo completamente independiente.
Sin embargo, objetivamente, puede convertirse en un multiplicador de influencia.
- El verdadero poder está en las redes
Esta es quizás la parte más importante.
La diplomacia del siglo XXI no consiste solamente en negociar con gobiernos. Consiste también en construir relaciones con quienes pueden influir sobre la sociedad.
Religiosos.
Empresarios.
Artistas.
Influencers.
Comunicadores.
Líderes comunitarios.
Creadores digitales.
Cuando una potencia consigue relacionarse con esos nodos, adquiere algo que no puede conseguir mediante una conferencia de prensa: legitimidad social indirecta.
Un mensaje proveniente de la Embajada de Estados Unidos será percibido como un mensaje estadounidense.
Pero un mensaje que circula a través de una figura dominicana puede ser percibido como una opinión local.
Ahí está el verdadero poder del soft power.
- ¿Una estrategia de influencia?
No podemos saber, únicamente a partir de estas tres escenas, si existe una estrategia deliberada detrás de ellas.
Pero sí podemos reconocer que las tres imágenes cumplen una función compatible con una diplomacia de influencia:
- La Catedral conecta con la tradición.
- El colmado conecta con la cultura popular.
- Santiago Matías conecta con la conversación digital.
Tres públicos. Tres espacios. Tres formas de construir proximidad.
Y quizás esa sea precisamente la nueva diplomacia estadounidense: no solamente hablar con quienes gobiernan República Dominicana, sino también con quienes ayudan a definir lo que los dominicanos piensan, comentan y comparten.
Por eso la discusión no debería reducirse a si la embajadora “está
conspirando”. Esa es una pregunta demasiado simple.
La pregunta verdaderamente interesante es otra:
- ¿Qué redes de influencia está construyendo Washington dentro de la sociedad dominicana?
Porque una potencia no necesita controlar la opinión pública para influir sobre ella.
A veces basta con conocer sus códigos, entrar en sus espacios y establecer relaciones con quienes ya tienen la capacidad de ser escuchados.
La Catedral.
El colmado.
Alofoke.
Tal vez sean solamente tres anécdotas de una diplomática carismática.
O tal vez estemos observando, en tiempo real, una forma mucho más sofisticada de diplomacia.
La diferencia está en algo que la inteligencia política conoce muy bien:
- No solamente importa lo que un actor dice; importa con quién se relaciona, dónde aparece y qué puertas consigue abrir.
Por Roberto Garcia



