Sin importarle un bledo los aprestos del Ministerio Público en investigar los casos de corrupción de administraciones anteriores y del presente, todavía se encuentran personas que no se sienten conforme con el nivel de sueldo devengado al desempeñar un cargo público y, tratan de “abultar su presupuesto particular”, utilizando argucias en violación a las Leyes que controlan y penalizan las actividades ilícitas.
A pesar de las advertencias hechas por el Primer Mandatario de la Nación; así como, por otras autoridades del Estado, los sindicalizados con funcionarios públicos, para llevar a cabo acciones deshonestas, siguen produciéndose. Lo que llama la atención, es la manera como esos corruptos se infiltran en determinados ministerios y organismos castrenses o policiales, para realizar sus fechorías. Antes y ahora los vínculos han sido muy estrechos, amigos íntimos y lazos familiares.
Los brotes de corrupción se manifiestan como un malestar en el cuerpo de la sociedad. En este Gobierno, no han valido las advertencias y amenazas del presidente de la República, desde el momento de la toma de posesión; en el sentido de que, le caerá todo el peso de la Ley a aquel o aquellos que infrinjan las normas y las buenas costumbres en detrimento del erario público.
La tentación se convierte en ostentación y la ostentación, en el “efecto de demostración”. Son banalidades que los corruptos, en la medida que desarrollan sus tropelías, entienden que, en sus acciones, no están dejando pistas para que se “prenda la luz roja”, motivando, por su nuevo estilo de vida, ser sujetos de investigación.
La opacidad de los gobiernos anteriores en investigar hechos delictivos, demostró la falta de transparencia en la administración de los recursos estatales. Diferente es la actitud de los funcionarios actuales; desde luego, después de las advertencias presidenciales a aquellos servidores públicos que intenten delinquir en el desempeño de sus funciones.
El asunto es que, no todos los empleados del sector público, han interpretado los acordes de transparencia, por lo que, en lugar de emitir sonidos éticos, producen ruidos con sus ejecuciones corruptas que discrepan con las aspiraciones del pueblo dominicano, cansado de que un grupo de maleantes consideren que el país es una piñata.
Genera suspicacia observar el comportamiento actual de personas, mientras estaban en la oposición, criticaban y denunciaban los actos corruptos de los funcionarios próximo pasados; ahora que están en el poder, hacen lo mismo.
Esos ruidos producidos por los nuevos funcionarios rápidamente son detenidos por la actitud del Primer Mandatario con su política de cero impunidades para los involucrados en acciones corruptas. Tomando decisiones, apoyándose en informaciones veraces de organismos gubernamentales especializados en detectar maniobras personales o de grupos, cuyas manipulaciones afectan la buena marcha de cualquier gobierno.
La tentación solo se anida en la mente de aquellos que genéticamente se inclinan a realizar acciones ilícitas, ya sea por convicción o asociación. En cambio, la transparencia se adquiere por la inducción de valores positivos, desde temprana edad, en el seno familiar y/o en los recintos donde se respiren aires con aroma éticos y morales.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense



