NUEVA YORK.- En República Dominicana hay dos calendarios. El del Gobierno: «en los próximos días, estamos evaluando, pronto iniciaremos». Y el de la diáspora: «mañana te llega, ya lo resolví, cuenta con eso».
- Uno promete. La otra cumple.
Cada cuatro años el Gobierno saca el mismo libreto: «vamos a arreglar las calles, vamos a mejorar la salud, vamos a crear empleos». Promesas que suenan bonito en tarima y se olvidan en el despacho.
Doce años después, la misma calle tiene el mismo hoyo. El mismo hospital sigue «en proceso de remozamiento». El mismo joven sigue esperando el primer empleo.
Prometer no cuesta. No gasta cemento, no compra medicina, no paga nómina. Por eso se promete tanto y se hace tan poco.
- EL CUMPLIMIENTO QUE LLEGA POR WESTERN UNION
Mientras tanto, en El Bronx, en Madrid, en Boston, suena el celular: «Didi, te mandé algo».
No hubo campaña. No hubo discurso. No hubo foto cortando cinta. Solo hubo cumplimiento.
La diáspora no promete puentes. Manda el dinero y el puente se hace. No promete libros. Compra la lista escolar completa. No promete comida. Manda la compra del mes.
La diáspora no habla de planes a cuatro años. Habla de soluciones a cuatro horas. Porque allá aprendieron que cumplir es la única forma de sobrevivir.
- DOS FORMAS DE HACER POLITICA
El Gobierno hace política con palabras. La diáspora hace política con hechos.
El Gobierno te dice «cuenta conmigo» y te manda a buscar cinco sellos. La diáspora te dice «cuenta conmigo» y te manda el dinero sin preguntar.
El Gobierno te cita «la próxima semana». La diáspora te resuelve «ayer».
Y lo peor es que el Gobierno usa las promesas para pedir votos. La diáspora usa el cumplimiento para no perder a su familia.
- EL PAIS NO VIVE DE PROMESAS
Un país no se construye con discursos. Se construye con acciones.
Mientras el Gobierno siga midiendo su éxito por la cantidad de promesas que hace, la diáspora seguirá midiendo el suyo por la cantidad de problemas que resuelve.
Y adivina qué mide más el estómago de un niño: la promesa de un desayuno escolar… o la compra que llegó ayer desde Nueva York.
Señores del Gobierno, cambien el discurso por depósito. Cambien la promesa por acción. Cambien la cinta de inauguración por resultados.
Porque la gente ya aprendió a diferenciar. Ya no cree en quien promete. Cree en quien cumple.
Y hoy, los únicos que cumplen sin fallar se apellidan Diáspora.
Que el Gobierno deje de prometer y empiece a cumplir. O que deje el puesto libre, que en el exterior hay 2.5 millones de dominicanos que sí saben cómo se hace.
Por Jhonny Trinidad



