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Ya Balaguer no está

El Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) camina por el escenario político dominicano con la mirada fija en el retrovisor. A más de dos décadas de la partida física de su líder histórico, el doctor Joaquín Balaguer, la organización parece atrapada en un bucle de nostalgia, intentando cosechar éxitos presentes con fórmulas del siglo pasado. La terca esperanza de hacer crecer las siglas coloradas bajo la sombra de un caudillo que ya no está se ha convertido en su mayor ancla.

El gran error estratégico del reformismo contemporáneo no ha sido honrar la memoria de su fundador, sino pretender que su recuerdo sustituya la ausencia de un proyecto de futuro. En lugar de utilizar el legado balaguerista como un cimiento sobre el cual edificar relevos generacionales, las estructuras del partido lo han usado como un escudo para evitar la renovación. Se busca el voto apelando a una época que la mayoría de los votantes jóvenes de hoy solo conocen por los libros de historia o los relatos de sus abuelos.

EDDY CRUCETA

Mientras otras fuerzas políticas se reorganizan, promueven caras nuevas y debaten los problemas de la sociedad actual —como la tecnología, el empleo juvenil y la sostenibilidad—, el reformismo sigue esperando que el carisma de Balaguer reencarne mágicamente en sus filas. El resultado es evidente: una alarmante sequía de nuevos liderazgos. El partido no está pariendo figuras de peso nacional con capacidad de conectar con el electorado moderno; se ha limitado a administrar la herencia de un capital político que se agota con el tiempo.

La política moderna no perdona la inercia. Un partido no puede depender eternamente de los fantasmas del pasado ni de las alianzas coyunturales para asegurar su supervivencia jurídica. Para volver a ser una opción real de poder, el PRSC necesita entender que el liderazgo no se hereda por decreto ni se simula repitiendo discursos de otra era.

Ya Balaguer no está. Aceptar esa realidad no es traicionar su memoria; es el único camino para evitar la extinción política de la organización que él construyó. El futuro del reformismo dependerá de su capacidad para soltar la sombra del caudillo y comenzar, finalmente, a caminar bajo su propia luz.

POR EDDY CRUCETA

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