InicioOpinionesTrujillo-Hull: la antesala de la recuperación financiera dominicana

Trujillo-Hull: la antesala de la recuperación financiera dominicana

Hubo un momento en la historia dominicana del siglo XX en que recuperar las aduanas significaba mucho más que volver a colocar funcionarios nacionales detrás de un escritorio. Significaba recuperar una parte esencial del poder económico del Estado.

El empréstito Hartmont de 1869 dejó una fuerte carga financiera y poco retorno al país. Décadas después, Ulises Heureaux, Lilís, gestionó el empréstito Westendorp en 1888, comprometiendo las aduanas bajo control extranjero. Esa medida alivió la deuda temporalmente, pero debilitó la soberanía fiscal y consolidó la dependencia económica. En poco tiempo, el Estado vio reducida su capacidad de controlar sus propios ingresos, un punto de quiebre que marcó la historia económica dominicana.

Durante décadas, la República Dominicana tuvo comprometidas sus principales rentas públicas con el pago de la deuda externa. Las aduanas —fuente fundamental de ingresos— quedaron sometidas a administración extranjera mediante las convenciones dominico-estadounidenses de 1907 y 1924.

Por eso, cuando en 1940 se negoció el llamado Tratado Trujillo-Hull, lo que estaba sobre la mesa no era simplemente un nuevo acuerdo diplomático. Estaba en juego quién administraría las rentas aduaneras y hasta dónde podría avanzar el país en la recuperación de su autonomía financiera.

  • El origen del problema: cuando el país dejó de manejar sus rentas

Para comprender la trascendencia del acuerdo hay que regresar a 1907. La deuda externa había alcanzado niveles críticos y las potencias acreedoras exigían garantías. La Convención de ese año estableció que un Receptor General de Aduanas, designado con participación de Estados Unidos, recaudaría directamente los ingresos aduaneros dominicanos.

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La Convención de 1924 reorganizó el sistema, pero mantuvo lo esencial: las aduanas siguieron bajo control extranjero. Quien recaudaba esos recursos tenía en sus manos la llave de las finanzas públicas y, con ello, influencia decisiva sobre la vida nacional.

  • Trujillo y la meta de recuperar la soberanía financiera

Cuando Rafael Leónidas Trujillo llegó al poder en 1930, heredó ese esquema de dependencia. Con los años, su gobierno planteó reivindicar la administración directa de las rentas nacionales. Estados Unidos, por su parte, buscaba garantizar a los tenedores de bonos el cobro puntual.

Esas negociaciones desembocaron en el convenio firmado en Washington el 24 de septiembre de 1940, el acuerdo: las aduanas vuelven a manos dominicanas. El Tratado Trujillo-Hull representó un cambio histórico. Su disposición fundamental fue clara: el gobierno dominicano pasaría a recaudar los ingresos aduaneros por medio de funcionarios nacionales, la Receptoría General de Aduanas quedaría cerrada.

Tras más de treinta años, el país recuperaba el control directo de sus aduanas. No obstante, la deuda no desapareció de inmediato. El tratado estableció que los ingresos se depositarían en un banco acordado por ambos gobiernos y que un representante de los tenedores de bonos supervisaría el servicio de la deuda externa de 1922 y 1926.

Era un puente entre dos épocas: ya no había un receptor extranjero recaudando directamente, pero las obligaciones pendientes seguían vigentes.

  • El paso siguiente: nace el Banco de Reservas

Recuperadas las aduanas, el gobierno avanzó rápido. En 1941 la banca comercial dominicana estaba en manos extranjeras: operaban el National City Bank of New York, el Royal Bank of Canada y el Bank of Nova Scotia.

El gobierno negoció la compra de las operaciones del National City Bank y el 24 de octubre de 1941, mediante la Ley núm. 586, nació el Banco de Reservas de la República Dominicana.

Ambos acontecimientos —el tratado de 1940 y la creación del banco— son distintos, pero forman parte de una misma secuencia lógica: primero se recuperó la fuente de ingresos; luego se creó una institución nacional para administrarla. Por primera vez, el Estado contaba con un banco propio para canalizar los recursos públicos.

  • La meta final: cancelar la deuda antes de tiempo

El convenio de 1940 contemplaba el pago a largo plazo, pero el gobierno decidió acelerar el proceso. Documentos diplomáticos de 1945 ya registraban los esfuerzos dominicanos por saldar anticipadamente la deuda y la solidez de las finanzas nacionales.

  • El momento decisivo llegó en 1947:

El 18 de julio, el gobierno proclamó cumplidas todas las condiciones del convenio de 1940 y declaró su terminación. El 21 de julio, se entregó en Washington el pago total de los bonos de 1922 y 1926, más intereses acumulados.

La deuda que había hipotecado la soberanía dominicana durante décadas quedó totalmente cancelada. El Archivo General de la Nación conserva documentación específica que vincula directamente el Tratado Trujillo-Hull con este cierre definitivo.

Visto en perspectiva, el Tratado Trujillo-Hull no fue el final, solo el principio:1940: Se recupera la administración de las aduanas,1941: Se crea el Banco de Reservas, 1947: Se cancela totalmente la deuda externa, reducir el tratado a un simple documento diplomático sería ignorar su verdadero alcance: fue la antesala de la independencia financiera de la República Dominicana.

Es importante señalar que estos hechos históricos pueden valorarse por su impacto económico, independientemente de la valoración global del régimen de la época. Una cosa es reconocer la recuperación del control sobre las finanzas públicas; otra es juzgar el sistema político en el que ocurrió.

Lo que los hechos muestran con claridad es que aquel 24 de septiembre de 1940 comenzó el camino que siete años después llevaría a la República Dominicana a ser dueña plena de sus rentas, de su banco y de su destino financiero.

Por Frank Hernández

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